¿Se considera la graviola una droga farmacéutica?

La graviola es un árbol que posee principios activos curativos (al igual que los principios activos de cualquier droga farmacéutica -entiéndase “sintética”-), y son realmente efectivos en los tratamientos de decenas de enfermedades que van desde una Gastroenterocolitis, hasta cuadros severos de Diabetes, incluyendo los distintos tipos de Cáncer. Pero debe quedar claro que no es una droga farmacéutica y también debe aclararse que muchas de estas enfermedades no se curan bebiendo una “infusión de hojas de Graviola”, bebiendo su jugo o comiendo sus frutos, dulces, pasteles o mermeladas.

El panorama es mucho más complejo y tiene su fundamento en la propia naturaleza de las hierbas o plantas medicinales y sus principios activos.

Si bien la graviola y sus principios activos, en muchos países son reconocidos como un gran suplemento dietario o herbario, lamentablemente, no son reconocidos como drogas y como tal.

Esto quiere decir que desde dicho punto vista, en cada país no puede accederse a información científica/farmacéutica oficial sobre sus propiedades medicinales. Solo como suplemento dietario.
Como consecuencia de ésta falta de información, los médicos tampoco conocen lo variados usos medicinales “populares” de la misma. Y por no ser oficial, no pueden prescribirse recetas con fórmulas farmacéuticas que contengan sus principios activos curativos y el paciente tampoco conoce que podría iniciar un tratamiento que podría revertir los síntomas de su enfermedad.

Merece mencionarse que en Estados Unidos, las plantas o hierbas medicinales no son consideradas drogas. Ninguna es aceptada como droga.
Alrededor de esto hay un gran dilema legal. En 1994, cuando el público y las industrias presionaban para que los medicamentos herbarios fueran reconocidos como drogas, la Food and Drug Administration (FDA), se negó a reconocerlas como tales y por lo tanto, el Congreso sancionó y promulgó una ley que expresaba que podían ser incluidas en la Farmacopea solo como suplementos dietarios. Esa ley, llamada "Dietary Supplement Health and Education Act" (DSHEA), fue firmada por el presidente Bill Clinton el 14 de noviembre de 1994 y considera a la mayor parte de las plantas medicinales y sus productos, como suplementos dietarios. Puesto que si eran reconocidas como drogas (naturales), y no podían patentarlas, justamente, esto atentaría contra el monopolio de los grandes laboratorios con sus carísimas drogas sintéticas.

A raíz de dicha cuestión, se produjo un desbarajuste mundial, porque la mayor parte de ellas han sido utilizadas desde hace cientos de años por sus propiedades terapéuticas y no por sus propiedades alimenticias, por lo que deben ser consideradas drogas.
Por ejemplo, la Valeriana es considerada un suplemento alimenticio, pero nadie come Valeriana porque no es un alimento. Por el contrario, debería incluirse como droga porque hay muchos estudios científicos que avalan el uso tradicional de Valeriana como inductor de un sueño fisiológico.
Europa sí las considera drogas: estuvieron incluidas como medicamentos desde la primera Directiva de la Comunidad Europea (Directive 65/65/EEC). Es por eso que la industria “natural” estadounidense invadió los mercados con suplementos dietarios. Porque contienen hierbas medicinales o drogas vegetales que el consumidor necesita para “curarse” y no puede adquirir de otro modo. Estos no tienen control de activos, sino solo un control de identidad y, a la vista de los resultados, buenas prácticas de manufactura que proporcionan grandes dividendos.